Placeres simples
El panorama del transporte público es revelador, incluso vulgar en algunos aspectos. La normalización que tenemos del ruido que produce el celular nos lleva a no poder atender la magnitud que puede tener esta situación y muchas veces nos lleva a ignorar las razones detrás de la real necesidad de este ruido. ¿Por qué nuestros celulares suenan? En general es una pregunta simple de resolver: existe un valor de utilidad detrás del sonido que emiten los celulares, un valor detrás de saber que alguien nos está llamando o que fuimos notificados de alguna forma.
Algo que es curioso es que se busca que el ruido generado no sea molesto per se. Lo ideal es que sea breve, que no esté saturado y que, si está saturado, no lo esté por largo tiempo, a menos que la persona lo configure de esta manera. Lo ideal es que este ruido sea lo más agradable o soportablemente posible para la persona.
Sin embargo, hay cosas que parecieran no tener sentido. Hay ruidos que no son necesarios por defecto, que no cumplen con algún criterio de funcionalidad aparente. Un ejemplo es el sonido de “clic” del teclado táctil. Este no tiene ninguna funcionalidad. Su funcionalidad pareciera estar vinculada a la pura satisfacción: el “gusto” que produce este sonido a los sentidos.
Es interesante pensar cómo funciona este placer. Hay quienes necesitan que el volumen de este sonido esté lo más alto posible mientras escriben. Es como si esperaran una respuesta instantánea dada una acción instantánea. En cierto punto, hay una búsqueda activa de placer en acciones simples (jalar de un gatillo, presionar un botón, etc.). Lo veo como cuando los perros juegan con su peluche que rechina.
¿Deseamos que nuestro dispositivo nos hable?